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De la tradición al dato: La ganadería que viene se juega en la información y la eficiencia

  • hace 2 horas
  • 4 min de lectura

Por Agroeducación


El caso de Sebastián Castillo, de Abuelo Julio, plantea un cambio de paradigma para la actividad: producir bien sigue siendo indispensable, pero ya no alcanza. Tecnología, planificación, genética, seguimiento de indicadores y decisiones basadas en datos aparecen como los nuevos pilares de una ganadería que busca ganar eficiencia y competir en mercados cada vez más exigentes.

La ganadería argentina tiene una enorme historia construida sobre conocimiento transmitido de generación en generación. Saber mirar un animal, interpretar un campo, entender los tiempos productivos y reconocer las señales que brinda el rodeo continúa siendo un activo difícil de reemplazar.


Pero el negocio está cambiando.


Y para Sebastián Castillo, cuarta generación de una familia vinculada a la producción ganadera y referente de Abuelo Julio, el desafío actual pasa justamente por lograr que esa experiencia conviva con algo que cada vez pesa más: la información.

Hoy la actividad se está transformando: la ganadería moderna ya no puede depender solamente de la tradición. Necesita incorporar tecnología, planificación y disciplina para convertir datos en mejores decisiones.


Producir más ya no es la única respuesta


Durante mucho tiempo, una buena parte de la discusión ganadera estuvo centrada en aumentar la producción: más terneros, más kilos, mejores índices reproductivos.

Esos objetivos siguen siendo fundamentales, pero la conversación comienza a ser más profunda. No se trata solamente de hacer más, sino de entender cómo se está produciendo, con qué recursos, a qué costo y con qué resultado.

Castillo tomó como referencia algunos de los sistemas productivos más eficientes del mundo y mencionó particularmente el caso de Japón.


Allí, más allá de las diferencias productivas y culturales, aparece una característica que puede trasladarse a cualquier empresa ganadera: la disciplina con la que se registran procesos y se toman decisiones.


Manejo, alimentación, genética y seguimiento de indicadores dejan de funcionar como áreas independientes para integrarse dentro de un mismo sistema.

La tecnología, en ese esquema, no aparece como un fin en sí mismo: un nuevo software, un dispositivo o una herramienta de medición sólo generan valor cuando permiten comprender mejor qué sucede dentro de la empresa y actuar en consecuencia.

La pregunta deja de ser entonces “¿qué tecnología puedo incorporar?” para pasar a ser “¿qué necesito medir para mejorar mi negocio?”


Del campo manejado por experiencia al campo respaldado por datos


La transformación no implica abandonar el conocimiento acumulado por generaciones. Todo lo contrario.


El desafío consiste en respaldarlo con información que permita confirmar decisiones, detectar desvíos antes y comparar resultados.

Abuelo Julio resume en buena medida ese recorrido, se trata de una empresa familiar de cuarta generación que trabaja sobre un sistema de ciclo completo y que combina producción ganadera con desarrollo genético, tecnología y comercialización de carne premium. El manejo digital y el análisis de datos forman parte de la estrategia utilizada para desarrollar su núcleo genético.


La lógica es sencilla: aquello que no se mide es difícil de mejorar.


Peso, conversión, reproducción, alimentación, sanidad o comportamiento de los animales dejan de ser únicamente registros productivos para convertirse en información económica.

Porque detrás de cada indicador existe una decisión. Un cambio en la ganancia diaria de peso modifica los tiempos de terminación. Una mejora reproductiva cambia la cantidad de kilos producidos por hectárea. Una selección genética más precisa tiene efectos que pueden permanecer durante años dentro de un rodeo.

La ganadería comienza así a parecerse cada vez más a una empresa en la que producción y gestión resultan imposibles de separar.


Genética: decidir hoy pensando varios años hacia adelante


Dentro de esa estrategia, la genética ocupa un lugar central.

A diferencia de otras decisiones que pueden corregirse rápidamente, las definiciones genéticas tienen consecuencias de largo plazo. Elegir un reproductor, seleccionar un vientre o definir determinados atributos significa empezar a construir hoy el rodeo que la empresa tendrá dentro de varios años.


Por eso, incorporar información permite reducir parte de la incertidumbre.

Abuelo Julio trabaja principalmente con Braford y también con Angus, buscando combinar desarrollo genético, eficiencia productiva y características que luego puedan expresarse en la calidad final de la carne. La compañía integra distintas etapas, desde reproductores y vientres hasta producción, faena, consumo interno y exportación.

Esa integración obliga también a mirar al animal desde otra perspectiva. La decisión ya no termina cuando sale del establecimiento. Lo que ocurre durante la cría, la recría o la terminación finalmente se expresa en un producto que tendrá que responder a las exigencias de un consumidor.


Del animal al consumidor


Ese es otro cambio que comienza a ganar espacio en la ganadería.

Durante años, el productor podía concentrarse casi exclusivamente en producir y vender hacienda. Hoy, los mercados empiezan a premiar atributos específicos: homogeneidad, marmoleo, trazabilidad, certificaciones, bienestar animal y consistencia en la calidad.

Abuelo Julio avanzó precisamente sobre esa lógica, desarrollando carne premium para mercados nacionales e internacionales y sumando herramientas de trazabilidad que permiten seguir el producto a lo largo del proceso.

La señal es relevante para toda la cadena. Si el consumidor comienza a demandar atributos diferentes, la producción deberá empezar a generarlos desde mucho antes de que la carne llegue a una góndola o a un restaurante.

Y nuevamente aparece la información. Para producir un resultado de manera consistente primero hay que conocer qué variables lo explican y después medirlas.


Una ganadería que no pierde la tradición, pero suma herramientas


El planteo de Castillo no supone elegir entre dos modelos: el productor tradicional frente al productor tecnológico.

La ganadería que viene probablemente necesite de ambos mundos.

Del conocimiento construido durante años y de la posibilidad de registrar datos. De la observación cotidiana del rodeo y de herramientas que permitan convertir esa observación en indicadores. De la experiencia para detectar un problema y de información suficiente para dimensionarlo económicamente.


En definitiva, la tecnología no reemplaza al productor. Le permite decidir con más elementos.

En un negocio donde los ciclos son largos y los errores pueden tardar años en corregirse, contar con información deja de ser un complemento. Empieza a convertirse en una ventaja competitiva.

Porque el gran salto de la ganadería quizás no esté solamente en producir más animales o más kilos. Puede estar en algo bastante más difícil: entender mejor qué sucede dentro de cada sistema productivo y utilizar ese conocimiento para hacer mejor lo que ya sabemos hacer.

Abuelo Julio tiene su establecimiento en San José de Feliciano, al norte de la provincia de Entre Ríos; y es cliente y usuario de Nera. Han realizado varias operaciones en estos años con la plataforma e incluso han utilizado el Crédito Ganadero Garantizado como herramienta.




 
 
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