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Del silobolsa y la hacienda al activo financiero: cómo la tecnología agrega valor

hace 13 horas
4 min de lectura

Cuando se habla de agregar valor en el agro, la primera imagen suele estar asociada a transformar físicamente la producción: convertir maíz en carne, soja en alimento o granos en energía. Pero existe otra forma que comienza a ganar terreno: hacer visible, verificable y utilizable aquello que la empresa ya posee.


Argentina convirtió al silobolsa en una herramienta estratégica para almacenar producción en el propio campo. Sin embargo, mientras ese grano permanece allí, existe un desafío: poder demostrar con precisión qué mercadería hay, dónde se encuentra y cuál es su estado. Ese fue el punto de partida del modelo desarrollado por la empresa SiloReal.


La compañía comenzó trabajando sobre la digitalización y verificación de los granos almacenados. Cada silobolsa puede contar con una identidad propia, ubicación georreferenciada e información sobre su evolución, generando una historia digital del activo y permitiendo administrar stocks de manera más eficiente.


En términos de gestión, el cambio es significativo.


Un productor puede tener varias bolsas distribuidas entre distintos establecimientos, con diferentes calidades, fechas de embolsado y destinos comerciales. Convertir esa información en datos ordenados y disponibles permite conocer mejor el patrimonio almacenado y tomar decisiones con mayor respaldo.


El grano sigue estando físicamente en el mismo lugar.


Lo que cambia es la capacidad de gestionarlo.


Saber qué tengo, dónde está y cómo está

La lógica tecnológica detrás del sistema puede resumirse en tres preguntas sencillas: qué tengo, dónde está y cómo está.


SiloReal desarrolló distintas herramientas para responderlas. La plataforma permite identificar cada activo, georreferenciarlo, registrar movimientos y construir trazabilidad sobre su evolución.


En este punto aparece otro concepto relevante para el negocio agropecuario: la confianza.


La información ya no cumple solamente una función administrativa. También ayuda a reducir asimetrías entre quien posee un activo y quien necesita verificar que ese activo realmente existe y conserva las condiciones necesarias para respaldar una operación.


Un banco, una aseguradora, un comprador o cualquier tercero puede requerir evidencia sobre esa mercadería.


La posibilidad de generar información verificable de manera remota modifica esa relación.

Y esa confianza abre nuevas oportunidades.


Cuando la información se convierte en financiamiento

Uno de los aspectos más interesantes del caso presentado en el Postgrado es que la digitalización del activo no termina en una mejor gestión del stock.


Puede generar liquidez.


Durante años, un productor podía tener una importante cantidad de capital almacenado en silobolsas y, al mismo tiempo, necesitar financiamiento para continuar con su actividad.


El desafío era transformar ese stock en una garantía confiable sin necesariamente vender o trasladar el grano.


La tecnología comenzó a permitir operaciones en las que el activo puede ser identificado y monitoreado, facilitando su utilización como respaldo dentro de estructuras financieras.


En este esquema, el silobolsa deja de ser solamente un lugar donde conservar mercadería hasta tomar una decisión comercial.


Puede transformarse también en un activo capaz de interactuar con el sistema financiero.


El cambio conceptual es importante: el productor no necesariamente tiene que desprenderse de su producción para obtener liquidez. Puede comenzar a utilizar el valor que ya tiene inmovilizado en el campo.


Del silobolsa a los activos físicos verificados

Pero uno de los puntos que Uranga remarca al analizar la evolución de SiloReal es que la oportunidad no termina en los granos almacenados.


El silobolsa fue el primer activo sobre el cual se construyó la solución, pero la visión actual es más amplia: convertir distintos activos físicos del agro en activos identificados, verificables y capaces de conectarse con nuevos negocios.


Allí aparece el concepto de Activo Físico Verificado (AFV).


La lógica puede trasladarse desde los granos hacia otros bienes que permanecen en el campo, como la hacienda. Animales que continúan produciendo pueden contar con identidad y procesos de verificación recurrente que permitan acreditar su existencia y condición durante el tiempo que dure una operación.


El desafío ya no es solamente digitalizar.


Es generar suficiente confianza para que un activo físico pueda convertirse en respaldo de un crédito, integrarse a un seguro, facilitar una operación comercial o conectarse con otros actores del ecosistema sin necesidad de trasladarlo.


De esta manera, SiloReal comienza a posicionarse no solamente como una herramienta para gestionar silobolsas, sino como una infraestructura que busca conectar los activos de la economía real del agro con el sistema financiero, asegurador y comercial.


De gestionar riesgos a generar oportunidades

La verificación también permite trabajar sobre uno de los grandes desafíos del sector: el riesgo.


Poder identificar un activo, comprobar que existe y seguir verificándolo durante el tiempo genera una nueva capa de información para productores, bancos, aseguradoras y empresas.


Cuando esa reducción de incertidumbre se combina con nuevas alternativas comerciales y financieras, aparece un cambio relevante.


Si un activo puede identificarse y verificarse de manera recurrente, aumenta su capacidad para ser asegurado, financiado o utilizado como respaldo dentro de una operación.


Así, la trazabilidad deja de ser simplemente una herramienta de control y comienza a convertirse en una herramienta económica.


El valor agregado también puede ser información

Innovar no necesariamente significa incorporar una máquina nueva o transformar industrialmente una materia prima. También puede significar resolver un problema cotidiano de una manera diferente.


En este caso, el desafío inicial fue hacer visible un activo que siempre estuvo allí.


El productor ya tenía el grano. Ya tenía el patrimonio. Ya tenía el valor económico almacenado.


La tecnología permitió agregar una nueva capa: información confiable y verificable sobre ese activo.


Hoy, la evolución del modelo plantea una oportunidad todavía mayor: aplicar esa misma lógica a diferentes activos físicos del agro.


Granos, hacienda y otros bienes productivos pueden dejar de ser simplemente patrimonio inmovilizado para convertirse en activos capaces de conectarse con crédito, seguros y nuevas oportunidades comerciales.


A veces empieza por hacer visible lo que ya existe, generar confianza sobre ese activo y utilizar esa información para abrir nuevas posibilidades de negocio.


En un agro cada vez más conectado con la tecnología y las finanzas, transformar activos físicos en activos verificables puede ser una de las nuevas formas de generar valor.

 
 
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