El dólar está tranquilo. Y no es casualidad.
Hay una datita que vale la pena mirar con atención: el dólar está tranquilo porque Argentina está empezando a tener una oferta de dólares más grande y diversificada.

DE LA MACRO AL LOTE
Por David Miazzo
Economista
El mercado de futuros parece confirmarlo. Para diciembre de 2026, el dólar futuro se ubica en torno a $1.604, mientras que para mayo de 2027 ronda los $1.753. Eso implica una tasa de devaluación implícita de 1,7%-1,8% mensual, con una TNA de entre 22% y 23%. No es una predicción infalible, pero sí una señal de que, hoy, el mercado no está esperando un salto cambiario.
¿Por qué?
Primero, por energía. En los primeros ocho meses de 2026, la balanza de combustibles y energía acumuló un superávit de US$7.834 millones, superando en apenas ocho meses lo acumulado durante todo 2025.
Segundo, por minería. En el primer semestre, las exportaciones mineras alcanzaron US$4.742 millones, por encima de los US$2.712 millones registrados en el mismo período del año pasado.
Esto es importante porque no estamos hablando solamente de más dólares de la cosecha. La matriz de generación de divisas se está ampliando. Energía y minería empiezan a convertirse en fuentes relevantes y crecientes de dólares.
A eso se suma un tercer flujo: el financiamiento externo. Desde las elecciones del año pasado, empresas y provincias colocaron deuda por alrededor de US$20.000 millones, generando una oferta adicional de divisas. Parte de esos fondos, además, está vinculada al financiamiento de nuevas inversiones.
Y hay otra pieza que puede ser todavía más importante hacia adelante: el RIGI. Los proyectos aprobados ya representan inversiones por unos US$49.766 millones, mientras que los proyectos presentados alcanzan los US$186.488 millones.
No significa que todos esos dólares vayan a entrar mañana. Pero sí muestra que existe una cartera de inversiones capaz de generar ingreso de capital primero y mayor capacidad exportadora después.
Las proyecciones oficiales apuntan justamente en esa dirección. Para 2030, las exportaciones netas de energía y minería podrían alcanzar unos US$51.000 millones. Para tener una referencia, es el equivalente a sumar un nuevo complejo sojero a las exportaciones argentinas.
Todo esto ayuda a explicar por qué el dólar nominal avanzó mucho menos que los precios. En los últimos doce meses, el tipo de cambio subió alrededor de 7%, mientras que la inflación fue de aproximadamente 33%. En términos reales, eso implica una fuerte apreciación del peso (acá aparece la otra datita: esto también tiene costos y riesgos, pero será tema para otra columna).
El Banco Central aprovechó este escenario para acumular dólares. En lo que va del año compró alrededor de US$14.000 millones. Sin embargo, durante agosto y septiembre el ritmo de compras se moderó, en un contexto de mayor demanda de dólares para atesoramiento y repatriación de utilidades.
Entonces, ¿dólar tranquilo para los próximos años?
El escenario estructural es más favorable que en el pasado, pero no está garantizado.
La oferta de dólares parece mucho más sólida. Energía y minería van a seguir creciendo y, mientras se mantengan el equilibrio fiscal y una política monetaria consistente (la oferta de pesos también juega), hay argumentos para pensar en un mercado cambiario más estable.
Pero hay un condimento que no podemos ignorar: las elecciones de 2027.
En un año electoral puede aumentar la demanda de dólares por cobertura y, al mismo tiempo, reducirse la oferta financiera si aumenta la incertidumbre y se encarece el acceso al crédito externo. A eso se suma un contexto internacional de tasas más altas, que encarece el financiamiento en dólares (la FED subió la tasa al 4% y los bonos del tesoro americano a 10 años rinden 5%).
Por eso, puede haber volatilidad aún con una oferta estructural de divisas mayor. La diferencia es que el Banco Central llega a este escenario con una posición de reservas y capacidad de intervención más importante que en otros episodios electorales.
¿Cuál es la datita para llevarse a la práctica?
Primero: el dólar tiene hoy un piso de mayor estabilidad estructural. La creciente oferta de dólares no agropecuarios reduce la probabilidad de que cualquier tensión produzca automáticamente un salto cambiario abrupto. No elimina el riesgo cambiario, pero cambia el escenario.
Segundo: hay que cuidar la eficiencia en dólares. Si los precios de los granos están ligados a un dólar relativamente contenido mientras muchos costos locales siguen subiendo medidos en dólares, la rentabilidad puede comprimirse. Por eso, la gestión de insumos, gastos de estructura, labores, fletes y costos financieros pasa a ser todavía más importante.
Tercero: aprovechar la tranquilidad para cubrirse inteligentemente. Los períodos de calma financiera son precisamente los momentos en los que tiene sentido asegurar financiamiento, pisos de precios y tasas, para no tener que salir a cubrirse cuando aparezca un episodio de volatilidad.


